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Contingencia nacional 

¿Cómo proteger la salud mental de los hijos e hijas?

  • Acoger, escuchar y explicar son claves para aminorar el impacto y el futuro recuerdo de estas semanas
  • Descargue aquí manuales y guías para saber cómo ayudar a niños(as) y adolescentes

Si usted tiene hijas o hijos menores de 10 años, es casi seguro que las escenas de desorden, incertidumbre y violencia que han estado viendo en las últimas semanas en Chile son las primeras experiencias de estrés social generalizado de sus vidas. Porque desde el terremoto de febrero de 2010 que no se veía en tal magnitud escenas de disturbios, destrucción, saqueos e incendios en las calles de tantas ciudades.

Y aunque muchas familias han tenido cuidado en no exponer a los y las menores a situaciones de riesgo, es inevitable que las imágenes y testimonios que están viendo en televisión, las conversaciones que escuchan a las personas adultas, la repentina falta de clases, o los comentarios que pueden leer en las redes sociales, estén afectándoles en lo emocional. O peor aún, que vayan a dejar huellas que se manifestarán recién en unas semanas o meses más.

“El estrés postraumático va a existir de todas maneras, ya sea porque lo viviste directamente en la calle porque cayó una bomba lacrimógena cerca tuyo, o porque saquearon el supermercado que estaba frente a tu casa, o porque viste todas estas imágenes en la tele o en las redes sociales”, advierte Marcela López, psicóloga del Área de Gestión de Personas del Laboratorio Bagó de Chile. “Tú revives el trauma semanas o meses después, o en años incluso. Y por eso es importante la contención emocional desde ahora, desde que están sucediendo los hechos”.

Acoger y escuchar

Contener emocionalmente a una persona -ya sea un adulto o un niño (a)- significa tranquilizarla mediante la empatía, es decir, poniéndose en su lugar, y estimular su confianza para que pueda expresar lo que le agobia, “poder hablar de sus emociones, poder verbalizarlo. Es fundamental expresar la parte emocional. Los niños y niñas no conocen todos los nombres de las emociones, y ahí las personas adultas tenemos que ayudarles”, aconseja la profesional.

“Podemos preguntarles ‘¿tienes miedo, tienes rabia, te preocupa algo?’. Uno puede ir poniéndole distintas alternativas, porque tal vez no sea miedo lo que el niño (a) siente, sino pena, y no sabe cómo distinguir una cosa de la otra. Si a las y los adultos nos cuesta expresar o distinguir las emociones, imagínate a un niño o una niña, que experimenta una vivencia pero no sabe qué nombre ponerle“.

La profesional explica que, si bien a corta edad hay menos conciencia de los sucesos del mundo adulto, igual las y los menores absorben como esponja lo que ven y oyen a su alrededor, lo graban en su mente y lo expresan en sus emociones y conductas. Una manifestación clásica es cómo empiezan a jugar o el tipo de dibujos que comienzan a hacer. Es la forma de volcar hacia afuera la percepción interna que tienen de la realidad, y ahí es donde se nota si algo está alterando su tranquilidad. La contención emocional, por lo tanto, debe apuntar a reforzar lo que en los niños y las niñas más pequeñas es fundamental: sus necesidades básicas de alimentación, protección y cariño.

Transmitir seguridad

“Ojalá que la rutina sea la de siempre. Que vaya al jardín infantil, que siga con sus horarios establecidos para la comida, para los baños. La rutina para un niño o niña es lo mejor, es el gran favor que se le puede hacer”, dice Marcela López.

“Necesita lo conocido, la seguridad, lo estable, el orden, que sienta que está en un lugar protegido. En la etapa infantil lo peor es la incertidumbre, lo impredecible. En la medida en que van preguntando hay que darles información, ni más ni menos, lo necesario. Si un niño o niña de 4 años se diera cuenta de que está sucediendo algo, yo le diría “mira, en Chile hay gente que está muy molesta porque hay cosas que no les gusta y protestan en la calle, y también hay algunas personas en la calle que están más enojadas todavía”… y ahí uno tiene que saber ocupar las palabras, porque a lo mejor hay términos que no tienen incorporados, que no están aún dentro de su vocabulario. Lo importante es transmitirles seguridad: “pero nosotros vamos a estar aquí en la casa, vas a estar protegido con la mamá o el papá o la abuelita. Algunos días no vas a ir al jardín, pero nos vamos a quedar aquí en la casa haciendo dibujos ¿bueno?”. Se trata de explicarle que algunas cosas han cambiado, pero que igual se va a tratar de hacer una vida normal. Y nada más. No los saque a la calle, no los ponga en medio de una discusión entre personas adultas”.

 

Explicar y enseñar

A medida que los niños y niñas crecen empiezan a desarrollar pensamientos más abstractos y reflexivos sobre sí mismos y sobre el entorno. Y empiezan a tomar decisiones.

“Ya manejan redes, tienen celular, y ahí la responsabilidad es que sean las personas adultas las que les den la información, y que les respondan todas las preguntas que hagan. Lo peor es hacer como que no pasa nada…porque sí están pasando cosas. Y ahí la clave es que, en la medida que los niños y niñas quieran saber y preguntar, el o la adulta vaya dándoles un poco más de contenido también”, sugiere la psicóloga.

“Los y las adolescentes sin duda que ya tienen opinión, cuestionan, manejan las redes. Y ahí hay que enseñarles que todo se puede ver desde distintas perspectivas, porque lo que está empezando a aparecer es una polarización, y pueden darse discusiones dentro de las familias. Ahí uno tiene que ayudar a ser tolerante y a escuchar a los adolescentes ¡de todas maneras!”, afirma Marcela.

Material para descargar

El tema de las crisis sociales y su impacto en la salud mental de niños (as) y jóvenes preocupa a muchos especialistas en diversos países. Por suerte varios equipos han elaborado manuales y guías para orientar tanto a profesionales como a las mismas familias.

En los siguientes enlaces, usted puede descargar el material más apropiado para sus necesidades. Hay consejos para reconocer síntomas de estrés emocional según la edad -preescolares, escolares y adolescentes-, sus manifestaciones físicas, y cómo enfrentarlas adecuadamente. Lo importante es que los y las adultas responsables se hagan cargo de la situación, acojan las inquietudes de sus hijos e hijas y sepan qué hacer en cada situación, para que de esta manera los niños (as) puedan procesar lo que están viviendo ahora de la mejor manera posible.

“Hay que escucharles, que digan cómo se sienten”, insiste la psicóloga de Bagó-Chile. “Si un niño o una niña llega de noche a la pieza de la mamá a decirle ‘no puedo dormir’, no le diga ‘¡Bah, ya estás grande, ándate a tu cama!’. A lo mejor sí necesita dormir esa noche contigo, o acercarse para que le hagas cariños. El amor es la “herramienta que tenemos”.

Manual de Apoyo

Guía de apoyo

 

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