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Bagó es pionero en preocuparse por la violencia doméstica y su impacto en
la vida de colaboradores y colaboradoras
“Una persona que tiene cierta actitud en el trabajo, que es jovial, de pronto un día
no viene. Y cuando vuelve, ya no está igual. Una ve que ahí algo está pasando, y
empiezas a averiguar. Yo era cercana a una persona, y entonces un día que no vino
pregunté, y recién ahí pude llegar a saber realmente lo que le pasaba”. Quien
relata es Ruth Pinto, Técnico Químico, que -aparte de su labor en el Área de
Control de Calidad de Bagó- desde hace unos años integra el equipo de monitores
de Prevención de Violencia de Género de la empresa. Así ha logrado descubrir
sutilmente situaciones personales de sus compañeras de trabajo y ofrecerles la
ayuda que ellas no se atrevían a pedir o que no sabían cómo obtener.
Se trata de una tarea voluntaria que agrupa a una decena de personas, que el
mismo laboratorio ha capacitado desde 2007. El objetivo es poder detectar
oportunamente casos de violencia intrafamiliar y ofrecer a las víctimas apoyo,
contención y derivar a asesoría profesional, si es que la persona así lo decide.
El monitoreo forma parte del Sistema de Igualdad de Género y Conciliación que
Bagó ha puesto en marcha justamente para abordar potenciales conflictos
familiares que afecten al trabajador o trabajadora en su plano personal. Es una
realidad poco conocida pero que está ahí, en la sombra. Pese a que el tema de la
Violencia Intrafamiliar ha saltado a la luz pública y finalmente ha conseguido un
creciente repudio social, a nivel nacional sigue en aumento. De hecho, la estadística
interna del laboratorio muestra que en 2018 se detectó entre el personal dos
situaciones de Violencia Física y Emocional, pero en 2019 aumentó a siete.
La ventaja adicional del trabajo interno que hace Bagó es que no solamente ayuda
a las víctimas, sino también a potenciales victimarios. De hecho, con el trabajo de
monitoreo se ha podido descubrir casos de agresores y hacer un trabajo específico
con ellos, primero para que tomen conciencia de que la violencia no es el camino
de resolución del conflicto de pareja; y segundo, para buscar alternativas si es que
la relación de amor se acabó. Se facilita que la persona pueda someterse a una
terapia reparatoria, que en algunos casos desemboca en una separación, con o sin
tribunales de por medio.

“Es un orgullo, porque nosotros somos la primera empresa que tuvo la certificación
de la Norma Chilena 3262, que tiene que ver con la Igualdad de Género y
Conciliación, por lo tanto, es un hito laboral”, explica Ana María Vargas, Encargada
del policlínico de la planta, miembro del Área de Gestión de Personas, y también
monitora del equipo. “Ser monitora de Violencia Intrafamiliar es importante, se
hace con pasión, y es algo súper positivo. Ojalá se amplíe esto a más empresas, a
todo el sistema laboral”, dice.
Diez personas componen el actual grupo de monitoreo de Bagó. Son elegidas según
su interés, y también de acuerdo a características individuales, como convicción y
compromiso con el tema, capacidad para mantener confidencialidad, y
competencias emocionales para lidiar con los conflictos e historias que deben
enfrentar.
“La capacitación parte mostrándote todos los diferentes tipos de violencia a los que
una se ve expuesta”, cuenta Ruth. “Te enseñan a reconocer estos signos, te
enseñan a buscar la cercanía, las estrategias para que la persona se abra. Te
enseñan también la discreción, porque hay momentos en los que una no tiene
posibilidad, entonces ahí se ve que si no llegas por un lado quizás llegas por otro”.
“La formación que a nosotros nos da es poder estar atentas a cambios de conducta,
a ver si la persona que de pronto tenía un comportamiento, de repente tiene otro,
y que abiertamente no busca ayuda por variadas razones”, complementa Ana
María. “Las estadísticas apuntan a que una persona no reacciona y todo se lo lleva
hacia adentro. Entonces, la formación de monitor a nosotras nos permite tratar de
abordar estas situaciones, también utilizando el entorno, porque de pronto a lo
mejor yo como supervisora no soy muy cercana al colaborador, pero sí mis
inspectores que están más en el día a día ahí. Entonces una de pronto empieza a
indagar un poquito, te acercas, y con la capacitación que has recibido haces una
apertura para poder abordar una situación de violencia”.
Señales típicas de que algo anda mal con una persona son las licencias médicas, por
ejemplo. O un cambio en el estado de ánimo, o en su forma de trabajar.
“Personas que conocen muy bien su trabajo y de repente tienen accidentes medios
burdos. Entonces un accidente te puede dar una señal o desencadenar una
investigación más profunda que nos lleve a descubrir, por ejemplo, que está
pasando algo más”, explica la monitora.
El tema de la Violencia de Género, sin embargo, no se reduce al caso más visible de
la agresión física. El fenómeno también se expresa en otras formas de agresión,

como la violencia psicológica, el abuso de poder, el acoso, e incluso –en el caso de
las mujeres- la violencia obstétrica, que la Organización Mundial de la Salud tiene
definida desde 2014 (“…trato irrespetuoso y ofensivo durante el parto en centros de
salud, maltrato físico, una profunda humillación y maltrato verbal, procedimientos
médicos sin consentimiento, falta de confidencialidad, negativa a administrar
analgésicos, violaciones flagrantes de la privacidad…”).
“En diferentes ámbitos tú te puedes ver vulnerado como persona y no darte cuenta
de que te están violentando, hasta que aprendes que eso también es violencia,
porque nadie tiene derecho a estar por sobre ti, ni hacerte sentir menos, ni hacerte
sentir de ninguna manera disminuida”, recalca Ruth Pinto. “También se puede dar
situaciones con tus compañeros de trabajo que nosotros aquí lo tenemos
claramente establecido en el reglamento interno. Por ejemplo verbalizar la
violencia, o bromas que a veces violentan tu género. Aquí nos cuidamos de eso,
nos cuidamos hasta de la forma de escribir, para que todos nos sintamos
igualmente integrados. Nadie es más, nadie es menos, somos todos colaboradores
de esta compañía, con roles distintos”.
“Cuando las personas van a darte las gracias, o cuando te cuentan qué están
haciendo por aliviar el problema que tenían, tú te das cuenta que hiciste un aporte
y que pudiste hacer prevención, porque la situación se detectó, se hizo el
seguimiento, se abordó”, dice Ana María Vargas. “La persona se siente
efectivamente que había alguien que se preocupó de ella, y tú con el tiempo
también te das cuenta que la actitud de la persona ha cambiado para mejor. La ves
contenta, la ves sonriendo, la ves participativa”.
“Aquí lo que uno busca es poder decirles ‘Bagó no es solo una empresa donde tú
trabajas, sino una empresa que se va a preocupar de ti también como persona, en
lo que necesites o en un problema de salud que tú no has dado a conocer’, porque
hay personas que son muy cerradas con sus problemas pero que igual les afectan
en el trabajo”, explica Ruth Pinto. “Eso que se decía antes sobre dejar la mochilita
personal en la puerta, no es así. Somos seres integrales, somos personas que no
nos sacamos un disfraz para entrar a trabajar, que igual traemos la preocupación
del hijo enfermo, de la mamá, del problema de la casa, del problema de violencia.
Entonces aquí las personas valen, aquí eres más que un número, eres más que un
colaborador. Aquí puedes tener la posibilidad de encontrar ayuda para otras cosas
y para otras situaciones”.

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