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Covid-19 y trastornos del sueño:

Cómo convivir con la incertidumbre y el riesgo

  • La pandemia no es sólo enfermedad, sino también cesantía, conflictos de hogar y alteración de planes personales
  • El mal dormir es una de las manifestaciones de este tiempo, que sólo puede resolverse aprendiendo a aceptar la realidad: no hay garantías de nada, sólo prevención.

Si hay algo que la mayoría de las personas en el mundo tiene en común en estos tiempos es que nadie está durmiendo como antes. Insomnio, sueño interrumpido, cansancio y pesadillas son algunas de las manifestaciones de la incertidumbre, el temor y la ansiedad que niños y adultos están viviendo desde hace al menos dos meses.

La doctora Vilma Ojeda (Psiquiatra, U. de Chile) es una de las especialistas en salud mental que ha visto desfilar por su consulta de Santiago a centenares de pacientes que buscan ayuda para su mal dormir. Gente que no puede conciliar el sueño hasta avanzadas horas de la noche, o que se despierta varias veces y se levanta a la mañana siguiente sin haber descansado, con sensación de inquietud y angustia.

“A la gente le cuesta quedarse dormida y cuando tú le preguntas por qué le cuesta, qué está haciendo, resulta que se quedan rumiando los problemas -en este caso problemas laborales y económicos-  y pensando cómo los van a resolver”, explica la doctora Ojeda.

En psicología, rumiar significa pensar exageradamente en algo, de manera automática, sin procesar ni sopesar argumentos. En otras palabras, darle vueltas a un asunto, pero sin analizar, avanzar, decidir ni resolver nada.

“Y lo otro es que se preguntan ¿iré a enfermarme? ¿Cuándo iré a enfermarme? O si tienen abuelos o padres más añosos ¿cuándo les irá a tocar a ellos? ¿Cómo podemos protegerlos? Entonces no se quedan dormidos por eso, porque están rumiando”, dice la psiquiatra.

Si bien los trastornos de ansiedad son un motivo de consulta frecuente –con pandemia o sin pandemia- los especialistas en salud mental como la doctora Ojeda ven ahora que los pacientes consultan porque tienen temor al futuro, miedo a morir e incertidumbre por el tiempo que este contagio pueda durar. Y esa ansiedad se traduce en sensaciones de angustia como opresión en el pecho, en el estómago, falta de aire o desesperación, y en algunos casos también en pesadillas.

“Sueñan que los andan persiguiendo, que están en una situación de peligro, están en una guerra, están perdidos. Algunas personas sueñan mucho que corren -es una angustia en el fondo-, corren y corren pero no saben por qué”.

Aceptar la realidad

¿Qué se puede hacer ante una situación así, una pandemia donde no hay control de nada, y sólo queda esperar a que termine? En algunos casos, el tratamiento con fármacos puede ayudar, en parte, a dormir mejor, pero no es la solución del problema.

“Vas a dormir mejor, sí. Vas a dormir más tranquilo, pero no te va a quitar que cuando abras los ojos esté el problema ahí de nuevo. Eso hay que entenderlo. Una cosa es dormir y otra que tú pretendas dormir tranquilo, como que no existe ningún problema. Bueno, hay personas que no solamente vienen porque tienen miedo al Covid, sino también un pariente enfermo, y además se quedaron sin trabajo, entonces no es solamente el temor al contagio, sino que hay situaciones reales que están viviendo. Es cierto que les puedo ayudar a dormir mejor, con los ansiolíticos les puedo bajar la angustia o la ansiedad, pero el origen no lo puedo cambiar, o sea la preocupación va a persistir, eso no lo podemos modificar”, advierte la psiquiatra.

“Y ahí con los pacientes lo que yo intento hacer es una conciencia de realidad. La verdad es que en la vida nada es seguro, con Covid o sin Covid. Pero normalmente sin el Covid todos nosotros pensamos que vamos a vivir hasta viejos, que vamos a llegar todos los días a nuestras casas, que nuestros hijos y las personas que amamos nunca van a enfermarse, que nunca vamos a perder el trabajo. Vivimos de alguna manera en un mundo ideal, donde no hay problemas, y yo lo entiendo porque si no la vida sería invivible. Yo siento que es un mecanismo de vivir el día a día. Pero si uno se lo pregunta, claramente todos los días estamos en riesgo de morir. Nadie sabe si va a llegar hoy día a su casa, pero jugamos a que eso no existe”.

El objetivo de la intervención, continúa la doctora Ojeda, es que el paciente comprenda que esta pandemia nos muestra una realidad que siempre ha existido: que cualquiera, desde el momento en que nace, está expuesto a accidentarse, a enfermarse, e incluso a morir.

“Es decirle “oye, si tú también te puedes morir mañana” o “quizás hoy día ni tú ni yo tampoco lleguemos a la casa y nos atropellan en la esquina, pero no por eso vamos a quedarnos en la casa para que no nos atropellen”. Entonces, es hacer un poco de conciencia de que esta es una situación compleja, que todos podemos tener susto, que es normal tener susto, es normal estar angustiado. Lo que no podemos hacer es paralizarnos por eso. Y bueno, ante esta situación ¿qué es lo que realmente puedo hacer? Y aquí entramos con los cuidados: que yo trate de ser lo más cuidadosa en el lavado de manos, en el uso de la mascarilla, en el cambiarme la ropa, en cambiarme los zapatos, y en mantener las distancias dentro de las casas porque hay personas que convivimos con gente mayor. Pero no podemos hacer más. El resto, si es que algo ocurre, es la vida. Tenemos que aprender a vivir con ella, como ha sido siempre”.

La realidad del teletrabajo

Aparte de los trastornos del sueño, la otra gran fuente de consulta en salud mental es el encierro en el hogar. Debido a que los colegios, el comercio y muchas oficinas están sin funcionar, familias enteras están viviendo el día a día puertas adentro, como nunca antes. Y eso trae consecuencias de todo tipo.

“Llegan personas que se sienten sobrepasadas por el encierro, por tolerar a los niños, tolerar a la esposa, al marido, o el teletrabajo, que no ha sido la panacea”, enfatiza la profesional. “No, esto no es así. Y no sé si corresponde, pero en un país donde antes no se controlaban las normas laborales, imagínate ahora, donde recibes un correo a las 12 de la noche y tienes que tener listo el trabajo a las 7 de la mañana. Entonces hay un estrés laboral dentro de la casa, y no hay un espacio donde tú puedas, por último, ir a reclamar, o salir a un happy hour y ‘pelar’ a los jefes. Ya no existe. Mi experiencia -por lo menos con los pacientes- es que se trabaja mucho más de lo que se hacía antes, no hay un break. Entonces eso estresa más. De hecho hay pacientes que están con teletrabajo y van a la consulta solicitando licencia”, revela la psiquiatra.

Rutinas saludables

Además, especialistas de otras áreas de la salud recomiendan una serie de medidas para ayudar a organizar mejor el día, proteger la salud mental, y ayudar al organismo a funcionar de mejor manera.

1. Acostarse y levantarse a horas fijas: aunque uno ya no salga al trabajo o a los estudios, es muy conveniente mantener un horario estable para ir a la cama y para empezar el día. Quedarse hasta tarde viendo TV o el celular perjudica la capacidad normal de dormirse. Lo mismo si uno se queda en cama hasta avanzada la mañana.

2. Bañarse y vestirse como siempre: estar encerrado en la casa no implica quedarse en pijama o dejar de asearse. La ducha diaria y el vestirse ayudan a mantener la noción de rutina y normalidad que se necesita para soportar el encierro.

3. Planificar el día: es recomendable dedicar ciertas horas fijas al trabajo o estudios, otras para el descanso, y otras para entretención o vida social. Organizar el tiempo también ayuda al buen funcionamiento físico y mental.

4. Limitar la exposición a noticias: dado que todo está girando en torno a la pandemia, no conviene enfocar la atención en demasía a este tema, más aún cuando hay informaciones contradictorias o sensacionalistas que no ayudan en nada.

5. Sacarle partido al tiempo en casa: El obligado tiempo libre que hay ahora es una oportunidad valiosa para hacer lo que antes no se podía. Aproveche de leer esos libros pendientes, escuchar su música favorita, o aprender algo nuevo. Internet está lleno de videos, tutoriales y cursos online que ayudan a distraer la mente.

6. Sea activo de día para poder dormir de noche: Uno de los inductores naturales del sueño es el cansancio. Si pasa todo el día en la casa, al menos llénese de actividades distintas –las obligadas y las de entretención- para que en la noche la llegada a su cama sea algo deseado y no fuente de inquietud por no poder dormir.

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