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Invierno 2020

Pese a todo ¿tendremos menos enfermedades respiratorias en Chile?

  • La cuarentena, el cierre de colegios y otras medidas preventivas contra el Covid-19 han tenido impacto positivo en otras infecciones de la temporada
  • Sin embargo, está por verse si las recomendaciones se convierten en un hábito saludable permanente, como sí ha ocurrido en otras crisis sanitarias

Crédito foto: theindianwire.com

A mediados de mayo de 2019 los análisis epidemiológicos del Instituto de Salud Pública de Chile mostraban que un 25 por ciento de las muestras de pacientes con infecciones respiratorias correspondían a influenzas A y B, y en menor medida a parainfluenza y virus sincicial respiratorio, que afecta principalmente a los lactantes. Este año, sin embargo, esos virus apenas han aparecido en 2,5 por ciento de los casos examinados.

¿La razón? Todo hace pensar que las drásticas medidas tomadas para enfrentar el brote del nuevo coronavirus, sin querer han tenido un impacto positivo en las habituales enfermedades respiratorias del otoño e invierno.

De hecho, las consultas de urgencia en hospitales por Enfermedad Tipo Influenza (fiebre, tos, dolor de garganta, malestar general) estaban creciendo en marzo último igual que todos los años, pero con la alerta sanitaria ante el Covid-19 en la semana 12, la curva (en rojo) claramente se detuvo y cayó.

Fuente: Dpto. Estadísticas Min. Salud

— “Mal que mal, la mascarilla es una barrera que filtra una cantidad de virus. Y no solamente el coronavirus, sino que te está filtrando los otros también”, explica la doctora Patricia Gassibe, epidemióloga y profesora de la Universidad Andrés Bello. “Entonces por eso va a haber un impacto potencial positivo sobre los otros virus. Vale decir: el hecho de usar mascarilla, el hecho del lavado de manos, el hecho del aislamiento, van a disminuir todos los otros virus…En este momento, sobre todo en la Región Metropolitana, si continúa la cuarentena, yo creo que por lo menos antes de septiembre no vamos a tener situaciones de aumento de los virus respiratorios habituales que veíamos en adultos, y fundamentalmente en niños”, augura la especialista.

El motivo, explica, es que al estar cerrados los colegios, los niños se quedaron en sus casas y eso hizo disminuir drásticamente la circulación y aglomeración de personas.

                                                                                                                                        Crédito foto: soychile.cl

— “Basta ver cuando empiezan a funcionar los colegios: de inmediato hay más gente que se moviliza, y el atochamiento en las calles y en el trasporte público es mayor. Si me preguntan, allí estaba el riesgo, más que el niño fuera o no al colegio. O sea, el riesgo está en que con la actividad escolar hay mayor movilización de personas en Santiago”.

Suponiendo que la pandemia del Covid-19 obligue a extender las medidas especiales hasta primavera ¿qué va a pasar después? ¿No habrá influenza ni los demás virus invernales?

— “En la medida en que se empiecen a levantar algunas medidas y los niños y la gente empiecen a movilizarse más, ahí pueden comenzar a aumentar algunos virus distintos al nuevo coronavirus”, explica la doctora Gassibe. “En Europa lo que pasó fue que los pilló al final del invierno. Entonces ¿qué va a suceder aquí? Yo creo que a nosotros se nos va a correr [la aparición de las demás enfermedades]. Los otros virus van a estar al comienzo de primavera”.

Cambiar hábitos de salud

Como epidemióloga, la doctora Patricia Gassibe participó activamente en la campaña para frenar la epidemia de cólera que hubo en Chile en 1991. Aquel plan permitió no sólo detectar casos y controlar brotes, sino que también promovió cambio de hábitos en la población: cocer mariscos y verduras que crecen a ras de suelo, lavarse las manos, y sobre todo, no usar aguas servidas para regar chacras. Se instalaron plantas para tratar los líquidos del alcantarillado, y los agricultores empezaron a regar con agua de pozo. Así se solucionó el gran problema ambiental de Santiago, donde el caudal sucio del río Mapocho se utilizaba en las plantaciones de lechugas de la zona poniente.

— “Entonces, lo que pasó es que se hizo una intervención importante sobre el ambiente y eso impactó en las enfermedades de trasmisión por alimentos asociadas a agua”, recuerda la epidemióloga.

Eso no sólo frenó el cólera, sino que en los años siguientes bajó la hepatitis A, y la fiebre tifoidea prácticamente despareció de Chile.

Con las infecciones respiratorias ¿podría suceder algo similar, ahora que se está promoviendo el uso de mascarillas y el lavado de manos?

— “¿Así como paso en el cólera con el lavado de verduras con cloro y todo eso? Yo creo que sí. Pienso que la gente lo va a mantener por lo menos dos años”, dice la doctora Gassibe. “Pero ¿quiénes lo van a mantener? Yo creo que la gente adulta. Los jóvenes van a seguir resistiéndose a medidas de control. Piensa tú en los japoneses, que igual usan mascarillas ¿pero qué japoneses? Cuando uno los ve en grupos, son los japoneses viejos, no es el japonés más joven”, advierte.

Un asunto generacional

— “El año 91’ cuando vino lo del cólera, tu salías y decías “Mire, todos lávense las manos y coman las lechugas cocidas”, y la gente lo hacía. En este minuto, les dices “Usted se va a morir porque anda sin mascarilla” y te contestan “¡y qué fue, me da lo mismo!”. O sea, desde el punto de vista del comportamiento sociológico, es totalmente distinto aquel momento que ahora. En este instante es muy difícil manejarlo. Y yo creo que es a nivel mundial”.

La razón de esto, a juicio de la epidemióloga, es la multiplicidad de voces, de opiniones y de líderes.

— “En situaciones de crisis como los terremotos, de brotes o de pandemias como ahora, tiene que haber una sola voz, un solo líder para que me diga dónde ir. Y no que todos tengan que dar indicaciones dependiendo de su visión. En este momento y en el mundo, todos opinan”, explica la doctora. “Entonces, en la medida que hay más información, y con las redes sociales, la gente lee pero no filtra. Y al no filtrar se te produce anarquía en el conocimiento. Yo cada vez que he hecho las charlas, me han preguntado “doctora ¿es cierto que hay que tomar alcohol? porque dicen que con eso…”. O sea, cuando tú me preguntas por las nuevas generaciones ¡las nuevas generaciones no están ni ahí! Ni en España, ni en Francia, ni en Chile, ni en ninguna parte. Y eso yo te diría que parte por el año 2000. Entonces, así aparezca quien aparezca en los medios de comunicación diciendo lo que tienen que hacer, no están ni ahí, les da lo mismo, no tienen ninguna percepción de riesgo”.

De hecho, el Ministerio de Salud informó el miércoles 27 de mayo que el 53 por ciento de los nuevos casos confirmados en Santiago eran…menores de 40 años. Es decir, gente joven o adulta joven que se infecta con el coronavirus, y que –como no tiene síntomas de importancia- sigue haciendo su vida, pero va contagiando a otros pares que tampoco toman medidas preventivas.

A eso se suman las condiciones ambientales y culturales de la globalización, que aceleran tiempos y acortan distancias. De hecho, en la gran epidemia de cólera que hubo en Chile en 1886, la bacteria llegó lentamente desde Argentina, con viajeros que cruzaron la cordillera en carreta. En 1991, apareció más rápido, proveniente de Perú. El Covid-19 se esparció por todo el mundo sólo en un par de meses, a bordo de pasajeros de aviones.

De aquí en adelante, entonces, las enfermedades infecciosas que vayan apareciendo difícilmente van a quedar confinadas a un único lugar. El desafío para controlarlas no sólo será del mundo médico, sino también de los gobiernos, y sobre todo de los ciudadanos. Pero para eso se necesita que estén bien informados, que tengan convicción, y sobre todo, sentido de comunidad y una actitud apropiada.

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