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Luego de una cuarentena que parecía interminable, por fin el pasado 28 de julio pasamos
a las denominadas etapas dos y tres: “el desconfinamiento”:  vemos personas paseando
en los parques, niños en bicicleta, cafés y restaurantes se preparan para abrir sus terrazas,
los taxis circulan con unos plásticos entre los sillones, se está retomando el deporte y
podemos ir a comprar sin un salvo conducto. Pero el Covid-19 sigue ahí, y nuestra única
ventaja, es saber que existe.
Debemos aprender un estilo de vida diferente, más higiene, mascarillas, distancia social y
seguir al pie de la letra los cuidados y medidas de protección señalados por el gobierno y
las autoridades sanitarias … Vivir en tiempos de Covid-19 no será fácil, incluso
emocionalmente. Estamos ante una nueva etapa de adaptación, y como tal, nos genera
diversos sentimientos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Por fin bajaron las cifras y estamos en la etapa de desconfinamiento, entendiendo que
todo cambio implica un periodo de adaptación. Primero nos adaptamos a la cuarentena,
nadie sabía cómo hacerlo, y cuando ya nos adaptamos a vivir en confinamiento, debemos
volver a adaptarnos al desconfinamiento. El hecho de poder salir crea ansiedad en
personas que han estado de cierto modo privadas de libertad. Se anuncia que ya podemos
pasear y comprar… Salir luego de meses de aislamiento,  esto genera algunos niveles de
angustia. Algunas personas pueden desarrollar fobias sociales. Debemos hacernos cargos
de estos sentimientos, porque no podemos salir y listo… La emoción que ha reinado en
tiempos de pandemia, es el miedo, no sabes como reaccionará tu cuerpo si te contagias y
esto genera miedo en todas las etapas” Explica la Psicóloga Lorena del Río León.
Por otro lado, la psicóloga Carolina Garate expresa que debemos estar conscientes de lo
que estamos viviendo, es más que el confinamiento, “el problema es más grave de que
estamos hablando con cuatro paredes. Debemos tener en cuenta que ya han muerto más
de 11 mil compatriotas, y como pueblo estamos tristes, más dañados que en cualquier
terremoto. Estuvimos encerrados, nos sentimos inseguros, quisimos abrazar y no
pudimos… Estos meses de encierro nos han hecho reflexionar, y todos hemos pasado por
procesos psicológicos difíciles. Hoy debemos salir nuevamente con todo esto a cuestas,
además del miedo y la incertidumbre”.

 

 

 

 

¿Qué riesgo corro si voy en el Metro y alguien estornuda? ¿Es seguro el transporte
público? ¿Me podré contagiar en el supermercado? ¿Será realmente seguro ir a comer a
un restaurante?  Todas estas preguntas y más están en la mente de todos. Debemos
aprender a vivir con este virus hasta que hallemos la vacuna. Mientras sucede eso
debemos armarnos con lo que tenemos:  distanciamiento social (no está permitido
reuniones de más de cinco personas en interior y diez en exterior), mascarilla, escudo
facial, alcohol gel y todos los líquidos que puedan eliminar este bicho.

Quisimos averiguar cual ha sido la experiencia de diferentes personas en periodo de
Covid-19 y cómo están enfrentando esta etapa de desconfinamiento.

 

Paola Tapia Rojas
Paola está encerrada en su casa desde el pasado 18 de marzo, cuando anunciaron
cuarentena total su empresa continuaba trabajando normal y ella renunció. “¡Después de
mi renuncia hablaba con mis compañeros por chat y seguían trabajando! Yo soy una
persona de alto riesgo, hace poco tiempo atrás salí de un tratamiento de Cáncer, todas las
radioterapias y quimioterapias me quedo dañado el pulmón derecho, además mi cuerpo
produce coágulos y estoy en constante tratamiento. Contagiarme sería fatal, además
trabajaba en un call center y podía continuar desde casa“.
Nos cuenta que se acostumbró a hacer todo por internet, comprar, estudiar, divertirse “Yo
tengo una rutina hago ejercicio en la mañana con un argentino por Instagram, después me
ducho, cocino siempre sano, reviso mi página de psicología y tarot, por si tengo algún
cliente, es que leo las cartas y todo eso. Después me meto a estudiar un curso que estoy
haciendo en la Universidad Santo Tomás, que es gratis, he tomado varios en diferentes
universidades… después hago yoga y para terminar un curso de teatro que hago por
Facebook Live. No me aburro, también carreteo por Zoom. Ahora que se puede salir, he
ido a almorzar a casa de mis papás, y hacer compras básicas, lo demás lo continúo
haciendo on line y aprovechando al máximo este tiempo que me pueda dar la cuarentena,
hay que saber adaptarse a las situaciones”.  Nos dice Paola.

Ana María Vergara Donoso
Anita, como le gusta que la llamen, estuvo teletrabajando y cumpliendo cuarentena
voluntaria durante más de cuatro meses, hasta que regresó a trabajar de forma presencial
“Cuando me notificaron que tenía que estar el lunes 17 de agosto en mi oficina me morí
de susto. Al estar encerrada tanto tiempo pensaba casi que todos estaban contagiados
afuera y me podían infectar. Pero no, o bueno, hasta el momento. Afuera es otro mundo,
todo es igual pero con alcohol gel y mascarillas. Tomo todas las precauciones necesarias,
tengo alcohol gel en la cartera, mascarillas para cambiar, guantes para cuando sea
necesario, mantengo el metro de distancia, me saco los zapatos antes de entrar a casa y la
ropa usada directo a la lavadora, todo está bien -suspira- sólo extraño estar y abrazar a
mis amigos y familia”.

Marco Antonio Cortés
Su señora dio a luz el 30 de marzo, plena pandemia cuando todos parecían improvisar y el
temor era uno más en la sala de espera. “Tengo a un hijo de cautiverio, hace dos días
fuimos a la plaza y casi no entendía lo que era otro niño, pataleaba en el coche con
expresión de felicidad. Es que sólo yo salía en casa… Mi hijo pudo disfrutar del sol a los

seis meses de vida, ¡Hasta lo columpié por primera vez!, nos dice sonriente, y cambia su
voz luego de una breve pausa suspiro- aunque esté prohibido”.

Yasmín Giadalah Chahuán
Está cumpliendo cuarentena voluntaria desde que apareció el primer caso de Coronavirus
en Chile “Siempre pensé que debieron cerrar las fronteras y tomar precauciones desde el
principio como lo hicieron en Mongolia, que está al lado China y presentan escasos casos
de la enfermedad. Yo estoy encerrada desde marzo, todas las compras me las hace mi hija
por el celular, prefiero no salir aunque se pueda. Hablo por la ventana con mis vecinos y
cuando salgo a botar la basura me pongo mascarilla. Me da miedo que mi hija salga a
trabajar y se contagie, ella no tiene auto y deberá usar la locomoción colectiva que tiene
muchos riesgos”.
Nos cuenta también que prefiere que le digan que exagera antes de contagiarse “Yo no se
cómo lo tomará mi cuerpo, ya tengo 66 años, prefiero que me digan loca, pero desinfecto
con cloro todo lo que compro, no recibo visitas en casa, me lavo las manos todo el tiempo
y también desinfecto mi casa, con esta cosa del amonio cuaternario y todos esos
productos que desinfectan al 99,9%”.

Francisca Garate Barañao
Nos cuenta que cuando apareció el virus en el mundo ella estaba en Francia, se hablaba
de un resfrío como la influenza pero incluso más suave… Ella pensó que no era de
preocupación hasta que comenzaron a cerrar las fronteras y desesperada regresó a Chile a
cumplir cuarentena en su mini departamento: “Cuando regresé todos mis vecinos sabían
que venía de viaje y debía cumplir cuarentena, me sentía observada, no tomaban mi
ascensor,  el conserje recogía mi basura, me avisaba que subiría yo dejaba la basura en la
puerta, me retiraba y vestido como un astronauta la tomaba… fue chistoso, estuve meses
sola hablando con todo, cuestionandome todo, filosofando la vida… Hoy estamos en
desconfinamiento y me tocó viajar por trabajo a Miami, igual asustada, todo es muy raro,
te toman la temperatura mil veces, pero aquí estoy con mi mascarilla y el metro de
distancia, con un poco de miedo pero hay que continuar”.

María José
Coté tiene nueve años, la conocí en un parqué, donde me contó a gritos y a más de un
metro de distancia, con su mascarilla muy bien puesta. Que extraña a sus compañeros de
curso más que a nada en el mundo, hasta los que le caen mal, aunque también grita que
ama pasar más tiempo con sus papás y jugar con ellos.
“No acercarme a nadie ni tocar nada, esa es la regla que me dieron en casa cuando dijeron
que podía salir a jugar, corrí y anduve en patineta sola… los juegos tienen cintas, vi a unos

niños jugar ahí pero mi mamá no me deja, si me subo al resbalín no salgo hasta que pase
el virus”, se ríe y se va rápido en su patín, como arrancando de algo.

Catalina Allende Blanco
La empresa para la cual trabaja es de alimentos, por lo que no ha dejado de funcionar, y a
pesar de tomar todos los resguardos se contagió y a toda su familia. “Cuando comenzó
todo mi marido había quedado sin trabajo hace poco a raíz de la crisis social, lo que en
parte fue bueno porque en pandemia no podíamos tener nana y alguien debía cuidar a
Vicente. Con temor fui cada día a trabajar, casi nadie cumplía las reglas, y como el virus no
se ve… uno anda por la vida como si nada, hasta que me contagié e infecté a toda mi
familia, fueron terribles dolores musculares, sentir que no puedes respirar y arder en
fiebre, es como una gripe extremadamente fuerte, nos dio suave, ya estamos bien”.
La Psicóloga Lorena del Río, nos explica que lo que sucede en esta etapa de
desconfinamiento es muy similar a lo que pasó en el inicio de la pandemia. La sobre
información y la información desordenada causa incertidumbre y angustia en todos.
“Cuando comenzó esto en marzo. Todos los medios lo tomaron a la ligera, transmitiendo
que era un resfrío grave para los adultos mayores. Lo que generó un gran número de
contagiados y todos estos meses de cuarentena.  Estamos recibiendo un mensaje doble
vincular, por un lado vemos que nos indican tomar todas las precauciones adecuadas en
crisis sanitaria, y por otro vemos a un Presidente sin mascarilla, que en televisión no
respetan el metro de distancia, entonces, esto genera incertidumbre, trastornos
psicológicos que se desarrollan y de los cuales debemos hacernos cargo. Si sentimos
miedo, debemos validarlo, no enloqueciste si hablas con el espejo, no es raro. Hay un
grupo importante de personas que sienten temor, hay que tomar resguardos, y si
necesitamos ser exagerados en el cuidado para sentirnos mejor, hagámoslo, lavemos
nuestras manos muchas veces, trapiemos el piso, desinfectemos todas las manillas…
aunque sea obsesivo, si esto nos da tranquilidad, en tiempos de pandemia es valido, ya
que la tranquilidad es fundamental, sobre todo en esta crisis que nos ha tocado vivir”.
Siempre, la mejor manera de adaptación es contarle a otros lo que nos pasa, recibir y
brindar contención, mantenernos alegres.  La Científica chilena Isabel Behncke, aconseja
no perder el juego en la vida, ya que reír nos sube las defensas.
“Hay que hacer lo que sea necesario para mantener el juego en la vida, sobre todo en
tiempos donde es difícil hacerlo porque hay miedo e incertidumbre. El juego es una
conducta muy sensible al miedo. Entonces, cuando aumenta el estrés, aumenta la
respuesta fisiológica, que a su vez tiende a disminuir y a suprimir el juego. Por eso tienes
que prestar atención a cuán seguido estás riendo y sí en pandemia tienes maneras de reír
todos los días: hablar por video llamada con alguien que te divierta, leer literatura, ver
comedias…”

Sólo queremos dejar oir las palabras, cuarentena, confinamiento, distanciamiento social,
pandemia y Covid-19 entre otras… De nosotros depende.

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