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En Chile estamos viviendo situaciones poco comunes desde octubre del año pasado.
Situaciones que han encendido nuestro “sistema de defensa”. Primero vino el estallido
social, provocando un desequilibrio en nuestra vida cotidiana y luego una pandemia que
nos dejó en cuarentena más tiempo del que cualquiera pensó. Nos debimos adaptar a una
nueva realidad en que internet y RRSS fueron los protagonistas. Pasaron semanas en que,
los con más suerte, vimos a nuestros seres queridos a través de una pantalla, mientras
que algunos sólo se debieron conformar con escucharlos a través del teléfono o
recordárlos viendo viejas fotografías. Ahora estamos en una nueva etapa, atravesando
nuevos retos, uno de ellos “El Síndrome de la Cabaña”.
El Síndrome de la Cabaña es el miedo a cambiar de entorno, un fenómeno que se hace
común luego de meses de encierro. y se observa en personas que prefieren no salir de sus
casas, aunque tengan la posibilidad de hacerlo.
Anterior a esta pandemia, el Síndrome de la Cabaña podía afectar a personas expuestas a
encierros prolongados, por ejemplo: enfermos que pasaron mucho tiempo en sus casas u
hospitales; prisioneros encarcelados por años y que por fin tienen su libertad; e incluso a
personas secuestradas que simplemente preferían continuar en cautiverio.


La psicóloga Catalina Puyol aclara que “el Síndrome de la Cabaña es un cuadro por
acostumbramiento, no es un trastorno psicológico, ni mental en si, es algo completamente
normal que puede ocurrir luego de un largo periodo de confinamiento. Donde con una
transición lenta debemos regresar a una rutina habitual”. Explica además que este
Síndrome es más propenso en personas con trastornos previos como hipocondríacas, ya
que tienen una exagerada preocupación de su salud; personas que han presentado
anteriormente cuadros de ansiedad, personas que sufren agorafobia, o que poseen algún
grado de fobia social. En el caso de esta pandemia se puede apreciar que los más
propensos son las personas de tercera edad, ya que son los más vulnerables en estos
tiempos, tienen otras medidas de confinamiento, ellos no pueden salir, no pueden volver
a sus trabajos y tienen mayor índice de mortalidad. En algunos casos incluso podría
afectar a menores si es que han estado al cuidado de personas extremadamente
preocupadas con el virus y le han traspasado estos temores a los niños.
El Síndrome de la Cabaña puede desencadenar diversas sintomatologías, tanto
psicológicas como físicas. Puede provocar sensaciones de miedo, baja motivación,
irritabilidad, decaimiento, tensión, cambios en el ciclo del sueño, incomodidad,
taquicardia, náuseas, sudor, mareo, etc…, porque activa nuestro sistema de defensa y
alerta. El cuerpo siente que tenemos que enfrentar algo que nos pone en riesgo, real o
imaginario, y por esta razón no queremos salir del hogar. Nos sentimos más cómodos en
nuestra cabaña.

“Todos somos propensos a estos síntomas, es normal dentro de todo lo que nos ha tocado
vivir. Un confinamiento muy alargado provoca un desgaste por la falta de contacto con el
medio ambiente y la sociedad, y también existe una ansiedad por volver a retomar nuestra
rutina luego de este encierro. Esto afecta nuestra salud mental. Tenemos mucha
incertidumbre, porque no sabemos qué pasa con este tema, a unas personas les da gripe y
otros se mueren, entonces nos provoca estrés. Estamos bombardeados de información
negativa, todos sabemos el tema de las mascarillas, el lavado de manos, no tocarnos la
cara, pero a algunas personas les da miedo tocar las cosas o estar con otras personas. Si a
esto le sumamos la pérdida de la rutina, muchos perdieron familiares, amigos, sus
empleos. Todo esto genera sensaciones de incomodidad que muchas veces
desconocíamos.Es un proceso normal mientras nos adaptamos a esta nueva rutina”.
Expresa la Psicóloga Puyol.


Hoy, el mundo entero tiene las condiciones para que se den estos síntomas, estuvimos
alrededor de cinco meses en cuarentena, y nuestro hogar pasó a ser nuestro refugio, no
sabemos a qué nos enfrentamos allá afuera. Si bien hay parte de la población que sale a
trabajar, a comer en restoranes y comprar en tiendas a otros les atemoriza la idea de salir
de su zona de confort y se inundan de pensamientos que anticipan situaciones negativas
al planear salir a la calle.
Luego de nuestra investigación nos contactamos con algunas personas que accedieron a
contarnos su experiencia durante esta etapa de confinamiento.
Carmen S. (62)
Trabaja hace años en el sector de minería, razón por la cual no nos dio su apellido, con una
vida bastante activa pre pandemia, reconoce que no le ha sido difícil acomodarse al nuevo
estilo de vida, a estar en casa, trabajar de casa “desde que empezó el confinamiento he
estado presente en más reuniones intelectuales, sociales, solidarias, laborales. Invertí mis
tiempos libres en cursos, conversatorios, actividades de la tercera edad, hice grupos por
whatsapp con personas donde soy su único nexo entre su soledad espantosa. Primero pensé
que oh, hago este tipo de cosas porque soy empática, buena onda, bakan como dicen mis
nietos… Pero luego me di cuenta que yo quería llenar mi vida en el encierro, y sentirme
útil a la sociedad sin traspasar los muros de mi casa. Y estuve segura de esto cuando tuve
la siguiente experiencia: No salía ni siquiera a la puerta, vivo en un barrio muy tranquilo,
pero un día dijeron mis vecinos por un grupo de chat – ¿Qué pasa en la cuadra que hay
tantos carabineros? – Y mi curiosidad fue más “curiosa que la cuarentena”, me puse
guantes, mascarilla, escudo y salí cuan astronauta, con todos los artículos sanitarios y
preventivos que se puedan encontrar en el mercado a ver por qué habían carabineros en la
esquina de mi casa. Me encontré con dos funcionarios adorables y dos perros aún más
adorables… me hice amiga de los perros, me hice amiga de carabineros, estaba feliz
conversando… hasta que noté que no estaba en mi casa, y de pronto me sentí lejana a tan
sólo a cuatro casas de mi casa y transpiraba helado y sentía la necesidad de regresar, me
despedí bruscamente, fui hasta pesada, y ese corto trecho me costó cada paso, como si me
fuese a desmayar…, pero puse un pie en mi casa y se me pasó, mágicamente el malestar y

volví a sentirme segura. Desde ese día no he vuelto a salir, no recibo a nadie y aunque
salimos de cuarentena, mi empresa aún está con teletrabajo y yo continúo con este estilo de
vida, me levanto tengo una reunión, luego me junto con un grupo de beneficencia, trabajo,
estudio, hago proyectos, mi día está copado, duermo muy poco, unas cuatro o cinco horas y
cada vez que pienso en salir… no soy capaz de salir, pierdo las horas al médico… estuvo de
cumpleaños mi hija, le mandé flores, globos y regalos, pero no fui capaz de ir a verla, no fui
al cumpleaños de mi hija…!!!!!. En la noche lloré”.


David Reyes (41)
Nos cuenta que se siente demasiado cómodo desde casa trabajando, puede compartir con
su familia y sobre todo pasar más tiempo con su hija , “verla crecer, antes salía de casa a
las 7 y 30 de la mañana y llegaba a las 6 y media, a veces me arrancaba a almorzar, pero
era todo un sacrificio”.
David es asmático y por ende se encuentra dentro de los grupos de riesgo. “Realizo todas
las compras por internet, y solamente paseo a mi pequeña hija de 2 años por mi
condominio, un lugar seguro donde sólo pueden ingresar residentes y en lugares comunes
es obligatorio el uso de mascarillas. Gracias a estas medidas no hemos tenido problemas
de Covid, una vez fuimos al parque, pero estaba lleno de gente y mucha sin mascarillas. No
es tenía miedo, pero sí estaba muy ansioso, porque soy asmático y me cuido.  Cumplo con
todas las precauciones necesarias, no entro a casa con zapatos de calle, siempre tengo
alcohol gel, me lavo las manos al llegar a casa, tomo distancia social con los otros
residentes del condominio, aunque mi hija juega con sus amiguitas vecinas que han estado
como nosotros respetando la cuarentena y sus padres con teletrabajo. Sólo con ellos
compartimos de forma personal. Cuando estábamos en cuarentena total salía por las
noches a botar la basura, para no encontrarme con nadie, eso me da susto”.


Paz Torres (33)
“Es cierto, me siento más cómoda en casa, es mi refugio y es hermosa, he puesto amor en
cada detalle… a decir verdad nunca me alcanza bien el tiempo para todo. Soy madre y
diseñadora, trabajo en forma particular y también para una agencia, en tiempos normales
visitaba a muchas clientes, ahora todo lo hago desde casa, me envían fotografías de
diferentes ángulos, entrevistas por teléfono y hago un par de visitas… Esto de la
cuarentena a sido mi paraíso culpable. Mi trabajo es más eficiente, no pierdo horas de
traslado, disfruto a mi hija, trabajamos y jugamos juntas, logro mayor concentración al
haber menos distractores, como el clásico compañero de trabajo que mete conversa,
aunque uno esté concentrada con actitud de no me hables” Dice Paz con una voz media
nerviosa, es que en el fondo se siente tan bien en su zona de confort que no siente
necesidad de salir, o busca excusas para no hacerlo.
“Hace un par de días invitaron a mi hija a un cumpleaños, eran cinco invitados. Me inventé
trabajo para no ir y la convencí con un mejor panorama en casa… Y así estoy, sé que debo
salir, y lo hago a veces siento taquicardia, incluso me dan ganas de fumar y no fumo hace

seis años, es ridículo. Yo sé que algo anda mal en mí, entonces debo mantener el equilibrio,
he pensado que es por proteger a Colomba, no quiero que nada malo le pase, gracias a
Dios no es enferma de nada, pero igual uno no sabe cómo afecta el virus, y si yo me
contagio y muero, y mi hija me pierde tan pequeña, y por otro lado es un resfrío y me
siento exagerada, cuando no le doy permiso a mi hija a estar con sus amigas, cuando no
compro sushi y prefiero hacerlo, cuando le invento a mi hija un panorama para no salir… A
veces todo se me olvida y paseamos tranquilas por el barrio con mascarillas, aunque debo
ser sincera, como están las cosas, prefiero tomar aire en el patio”.

Belén Campos (29)

Está con teletrabajo y estudiando a distancia desde que comenzó la cuarentena como la
mayoría de los chilenos.
“Yo era de las personas que se movían mucho, de la casa a la universidad, después al
trabajo, salida con los amigos, ensayos de coro, juntas de estudio… Y ahora post pandemia
me aterra estar con gente cerca, no me gusta el transporte público donde se juntan
muchas personas, o incluso el parque, cuando veo personas muy cerca, que algunos no
usan mascarillas, me pongo nerviosa, ansiosa”.
Nos comparte que de tener una vida muy social hoy no quiere estar cerca de otras
personas “Es extraña la sensación de salir de casa… A mi me gusta hacer actividades, pero
ando floja para salir, me siento muy cómoda en casa, ¡yo no quiero regresar a la oficina! a
mi me acomoda este sistema ¡Por favor déjenme en teletrabajo de por vida! No quiero ir a
tener contacto con la gente, el metro, el traslado, no me tengo que levantar más temprano
para estar a la hora en mi trabajo, puedo descansar más, me ahorro el estrés de regresar a
casa… Sé que puedo salir y hacer mi vida de forma normal, pero no quiero, hasta me
complica salir a buscar un paquete a conserjería”.

Soraya Mattar (46)
Nos comparte que ella y su familia se encerraron antes de que realizaran la cuarentena en
Chile, exactamente cuando se dio a conocer el primer infectado “Yo veo las noticias de
Europa, en todas partes empezó igual, detectaban a uno, a dos, a diez, a cien… supe
inmediatamente lo que sucedería y tomé las precauciones necesarias en confinamiento
junto a mi familia”.
Tal como lo hace ahora en esta etapa de desconfinamiento, continúa saliendo sólo a lo
necesario porque entiende que el virus sigue en la calle, solo nos dieron la libertad de
cuidarnos solos, confiesa también que se siente más segura en su casa que en otro lugar.
“Yo salgo, hago mi vida, pero no toco nada, no me acerco a nadie, hablo a un metro de
distancia y no me saco la mascarilla, si voy a lugares en los que puede haber muchas
personas uso un traje para cubrir mi ropa, en casa desinfecto con amonio cuaternario y mi

nana va con mascarilla a trabajar, y yo voy con mascarilla a trabajar… Me da un poco de
miedo salir a la calle y tener personas cerca… cuando me veían con el traje me gritaban
cosas, como vas a la construcción, a cuánto el kilo de jamón, tú sabes, ese clásico sentido
de burla a lo diferente que tiene el chileno”.

Consejos para sobrellevar el síndrome de la cabaña
Como nos explicó la Psicóloga Catalina Puyol, el síndrome de la cabaña es un conjunto de
síntomas que debemos aceptar y superar poco a poco, aceptar que tenemos miedo, y que
es normal tener miedo luego de lo que hemos vivido. Se debe tener en cuenta que el
periodo de adaptación puede tardar hasta un mes aproximadamente.
Si notas que tus síntomas no mejoran, empeoran, te impiden tener una vida funcional
relativamente sana y luego de un mes estás igual o peor, lo aconsejable es buscar ayuda
profesional.
Los expertos en estos casos aconsejan:
 Reconocer que el miedo: Se debe reconocer que estas viviendo esta situación
problemática. Al reconocer que se siente temor, disminuye la anciedad.
 Desear generar el cambio: Aunque se tenga la sensación de seguridad dentro de
casa, debe existir el deseo de querer compartir en sociedad.
 Recuperar Hábitos: En este periodo de pandemia, muchas personas abandonaron
su rutina, despertar a una hora, bañarse, arreglarse, dormir, comer, trabajar… Es
necesario retomar las rutinas, los horarios.
 Adaptarnos poco a poco a este nuevo estilo de vida.
 Salidas diarias programadas: Planear salidas de 15 minutos cerca de casa, y
gradualmente incrementar distancias y tiempo.
 Retomar las conversaciones con nuestros amigos para luego volver a
encontrarse.
 Tomar todas las medidas sanitarias necesarias, y si sientes que debes tomar más
medidas o exagerar en ellas, házlo. Debes sentirte seguro.
 Realizar técnicas de relajación, las puedes encontrar en YouTube bajo la misma
búsqueda: “Técnicas de relajación”.
 Salir en compañía: Sal a pasear con un amigo o familiar, poco a poco vas
cambiando a las personas, y te vas encontrando en diferentes lugares.
 Si sientes que tus síntomas continúan en un periodo mayor a un mes, recurrir a
un especialista.

Tomando estas medidas, poco a poco abandonaremos la inseguridad y podremos
desenvolvernos en esta nueva realidad que nos ha tocado vivir para sumar a nuestra
experiencia de vida. Pero siempre y hasta cuando sea necesario, tomar todas las medidas
sanitarias indicadas por las autoridades de salud.

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